Descripción
Una vez escritos, a los poemas les sobran los poetas. Los malos poetas somos como los terraplanistas: negamos la mayor,
que el poema es redondo. Ningún poeta debería olvidar nunca estas dos palabras: vacuo y pretencioso. Cuando el poeta se pone a escribir se pone también contra las cuerdas de sus versos. La felicidad del mal poeta: no tener lectores. No hacerlos infelices se
parece mucho a ser feliz. Método fácil y rápido para ser poeta: frecuentemente, callar. El buen poema huye siempre que puede del papel. El mal poema solo tiene un fin arboricida.
Es un mal y es un bien: tantos poetas que tienen a favor que sus libros no suelen ser leídos por nadie. Muchas veces, lo peor de la poesía son los poetas, pero lo mejor de los poetas no es la poesía. Muchos no somos poetas y tenemos nuestros libros para demostrarlo.