Descripción
En Sembrar la herida camina una voz lírica que escribe para sostenerse, para ordenar el dolor y celebrar lo vivo, para explorar
la fisura que origina la palabra. Atravesando la tensión entre si lencio y lenguaje, el miedo a que ?no llegue el poema? y el oficio
del poeta como ejercicio de verdad corporal, este yo poético se derrama y recompone en contacto con el tiempo, la memoria y
la ciudad, la genealogía, la casa y los abuelos anclan una herencia afectiva contra el olvido. El amor opera como fuerza reparadora
que redime la fragilidad. El agua y el mar, acaso, como símbolos de deseo, naufragio y renacimiento, mientras late una meditación
sobre la finitud y la promesa de que la palabra preserva lo amado. Con registros que van del humor coloquial al tono elegíaco, el li
bro convierte la vulnerabilidad en semilla: sembrar la herida para que broten voz y memoria compartida.