Descripción
Escogiste la odontología como profesión a falta de encontrar ninguna otra pasión en la vida más allá de ti misma. Tenías dieciocho años y había llegado el momento de estudiar una carrera. Tu mayor miedo siempre había sido que se te pudrieran los dientes -te haces una revisión al mes- , así que era eso, o hacer dermatología y especializarte en la alopecia premenopáusica. Te decidiste por las dentaduras. La clínica era de un amigo de tu padre, que te colocó ahí nada más graduarte.
Empezaste como auxiliar y no te has movido desde entonces. Limpias, desinfectas y enjuagas bocas ocho horas al día. El trabajo puede parecer monótono, pero es eso precisamente lo que más te gusta de él. Te mantiene ocupada y lejos de casa, y sus pasillos blancos -donde nadie habla más allá de lo justo y necesario- están impecables y huelen a Sanitol.