Descripción
No quería que la llamaran por un nombre masculino, ni siquiera mientras gobernó Roma como Antoninus. Ella era sacerdotisa de El?hagab?l en un imperio que nunca tuvo palabras para nombrarla. Tiempo después de su asesinato, la historia sellaría su condena rebautizándola con desprecio como Heliogábalo. Así ha perdurado: reducida al escándalo, la perversión y el exceso.