Descripción
Enriqueta tiene casi cuatro años y unas rabietas tan grandes como su imaginación. Con la paciente ayuda de su mamá, descubrirá que poner nombre a lo que siente puede transformar las pataletas en palabras.
Tras Socorro, que me pica el abejorro, Fátima González vuelve a acompañar a las familias con un cuento tierno y respetuoso, esta vez sobre la autorregulación emocional, la corregulación y el respeto por el temperamento infantil.
Una historia para leer, conversar y crecer juntos. Porque detrás de cada rabieta hay algo importante que decir y que escuchar.