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LAS ALONDRAS 2ª EDICION

Detalles

ISBN:9791370546991
Encuadernación:Rústica
Editorial:Letrame
Año de edición:2026
Idioma:Español
Páginas:166

LAS ALONDRAS 2ª EDICION

Letrame · 2026 · 166 paginas

Descripción

De los comentarios de san Agustín, obispo, sobre los salmos (Salmo 140, 4-6: CCL 40, 2028-2029) ?Señor, te he llamado, ven deprisa?. Esto lo podemos decir todos. No lo digo yo solo, lo dice el Cristo total. Pero se refiere, sobre todo, a su cuerpo personal, ya que, cuando se encontraba en este mundo, Cristo oró con su ser de carne, oró al Padre con su cuerpo y, mientras oraba, gotas de sangre destilaban de todo su cuerpo. Así está escrito en el Evangelio: ?Jesús oraba con más insistencia, y sudaba como gotas de sangre?. ¿Qué quiere decir el flujo de sangre de todo su cuerpo sino la pasión de los mártires de la Iglesia? ?Señor, te he llamado, ven deprisa, escucha mi voz cuando te llamo?. Pensabas que ya estaba resuelta la cuestión de la plegaria con decir: ?Te he llamado?. Has llamado, pero no te quedes ya tranquilo. Si se acaba la tribulación, se acaba la llamada, pero si, en cambio, la tribulación de la Iglesia y del cuerpo de Cristo continúa hasta el fin de los tiempos, no solo has de decir: ?Te he llamado, ven deprisa?, sino también: ?Escucha mi voz cuando te llamo?. ?Suba mi oración como incienso en tu presencia, el alzar de mis manos como ofrenda de la tarde?. Cualquier cristiano sabe que esto suele referirse a la misma cabeza de la Iglesia. Pues, cuando ya el día declinaba hacia su atardecer, el Señor entregó, en la cruz, el alma que después había de recobrar, porque no la perdió en contra de su voluntad. Pero también nosotros estábamos representados allí. Pues lo que de él colgó en la cruz era lo que había recibido de nosotros. Si no, ¿cómo es posible que, en un momento dado, Dios Padre aleje de sí y abandone a su único Hijo, que es un solo Dios con él? Y, no obstante, al clavar nuestra debilidad en la cruz, donde, como dice el Apóstol, ?nuestro hombre viejo ha sido crucificado con él?, exclamó con la voz de aquel mismo hombre nuestro: ?Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado??. Por tanto, la ofrenda de la tarde fue la pasión del Señor, la cruz del Señor, la oblación de la víctima saludable, el holocausto acepto a Dios. Aquella ofrenda de la tarde se convirtió en ofrenda matutina por la resurrección. La oración brota, pues, pura y directa del corazón creyente, como se eleva desde el ara santa el incienso. No hay nada más agradable que el aroma del Señor: que todos los creyentes huelan así. Así, pues, ?nuestro hombre viejo -son palabras del Apóstol- ha sido crucificado con Cristo, quedando destruida nuestra personalidad de pecadores y nosotros libres de la esclavitud del pecado?.