Descripción
La edición anotada de las dos cartas canónicas de san Pablo a Corinto glosadas por Aquino no es una tarea fácil: por la extensión del comentario y la prolijidad de temas tratados, en ocasiones solo apuntados de pasada. Además, el original nos ha llegado por distintas vías: notas de clase (algunas corregidas por el Angélico), lagunas rellenadas por discípulos y apuntes de los oyentes corregidos después de 1274.
Santo Tomás dictó las lecciones en un período breve, quizá de 1270 a 1272. Parece casi imposible que haya llevado a cabo una tarea tan extraordinaria durante su segunda regencia parisina, al tiempo que redactaba la segunda parte de la Summa theologiæ, escribía muchos opúsculos polémicos, y leía y explanaba casi todo el corpus aristotélico.
Se muestra desinhibido en sus lecciones y expresa su parecer sobre temas entonces discutidos, y aún ahora. Por ejemplo, hace suya la tesis de la creatio ab æterno y la consiguiente primacía del esse (negando la posibilidad de la aniquilación), concede cierta verosimilitud al innatismo (al menos a los primeros principios del conocer y obrar), renuncia a definir el «bien», por ser noción primera, acude con frecuencia a la parva logica, explora la cuestión del límite mental (donde saber y ser son uno), aplica la tradición aristotélica al estudio del sacramento de la Eucaristía, manifiesta sus amplios conocimientos jurídicos y de derecho procesal, alardea de conocimientos históricos, maneja el texto griego y latino de la Biblia, no rehúye opinar sobre la condición femenina, y mucho más.
En algunos pasajes, señalados oportunamente, los alumnos que seguían sus clases introdujeron opiniones que no coinciden con las ideas teológicas y filosóficas de Aquino.