Descripción
Y los tres habían dejdo este mundo de una manera trágica. No, no lo habían dejado del todo, se resistían a marchar. A la hora exacta de sus muertes regresaban junto a su perro, único testigo de lo ocurrido, ese aspersor de pis en quien habían depositado su amor. Y por primera vez Estefan había comprendido que no volvían únicamente para amagar sus intangibles caricias a Elvis o para que los liberase de su destino, sino para advertirle de la amenaza.