Descripción
Hugo siempre había dicho que a un pueblo como el suyo solo se vuelve para desaparecer.
Volvió unos días antes de Navidad, tras diez años fuera, sin maletas y con una mochila. Su hermano pequeño fue el único que entendió lo que eso significaba: no venía a pasar las fiestas, venía a esconderse. En Madrid, había muerto su pareja en extrañas circunstancias.
La calma le duró hasta Nochebuena. Esa madrugada, su hermano sufrió un accidente de tráfico. A la mañana siguiente, el pueblo amaneció empapelado con la fotografía de una chica de dieciocho años que no había vuelto a casa.
Aceptó ayudar en la búsqueda porque, en otra vida, buscar gente desaparecida había sido su trabajo. Tardó poco en entender que allí nadie mentía, simplemente, nadie hablaba. Que el silencio no era una ausencia, sino la manera que tenían de seguir viviendo juntos.
Hay preguntas que uno sabe hacerle a cualquiera menos a los suyos.